Sobre Mi

Si un día ya no soy, seré entonces lo que fui
Esa es una de mis frases más profunda, parte de un poema que escribí hace 12 años.
Soy Julio, el profe, prof, maestro, etc etc. soy físico, poeta y hago como que toco la guitarra, aquí abajo puedes leer un poco más de lo que soy, fui y seré y como llegue hasta ser lo que hoy.

La promesa de un Nobel

No recuerdo en realidad cuando fue la primera vez que miré al cielo, pero si se que desde entonces no he dejado de hacerlo y fascinarme con la majestuosidad de las estrellas que lo llenan por las noches.

Tantas formas, tantas tonalidades, tantas son por la noche que las posibilidades parecen infinitas, infinitas como los números y las reglas que los explican.

Esas reglas, las matemáticas, llegaron tan natural a mí como llegan a todos: en la escuela. Pero al contrario de lo que sucede con la gran mayoría, me parecieron fáciles e incluso divertidas (si lo sé, debes pensar que estoy loco, pero nomás tantito)

A pesar de estar en una escuela pública que ni siquiera tenía bardas, que sólo contaba con 5 salones para 7 grupos (ya que había uno para alumnos con capacidades especiales) y de que en general nuestras condiciones de estudio no eran las mejores, mis compañeros y yo conseguimos salir adelante y destacar a nivel regional en distintas áreas como deportes y conocimientos.

Asistí a mi primera olimpiada de matemáticas en el ya lejano 1993, cuando cursaba el tercer grado. Era un concurso de rutina para la escuela, había que ir porque así eran las instrucciones, no estaba en los planes conseguir algo más que hacer una participación decorosa.

Vaya que fue una sorpresa para todos cuando anunciaron que el alumno de una de las escuelas más marginadas de la zona, era el ganador de la olimpiada. El revuelo fue tanto que incluso el director mandó a publicar artículos sobre el logro obtenido en el periódico de mayor circulación del estado, con tal de que la escuela se hiciera notar.

Logré repetir un año más la hazaña y finalmente en sexto grado pude conseguir un tercer lugar en la olimpiada del conocimiento, aún cuando por alguna extraña razón, la escuela no fue avisada sino un día antes del evento y por la tarde, sin dejar margen para algún tipo de preparación.

Cuándo en la secundaría conocí la física y la química, decidí que ese debía ser mi camino, a pesar de que en el primer bimestre del curso de introducción a la física y la química, apenas alcancé a obtener un 6 y no pude obtener más de un 9 en los siguientes bimestres, mi destino estaba decidido.

Aún guardo la libreta de recuerdos de esa etapa, donde todos los compañeros dejaban un mensaje para la posteridad, en la cual la mayoría de mis amigos me deseaban mucha suerte como futuro físico químico matemático e incluso algunos se aventuraban a decir que ojalá ganará muchos premios Nobel.

Y aunque ese logro se ve muy lejano, aun está en pie la promesa a mi maestra de inglés de secundaria, de que se la mencionaría en el discurso de aceptación, creo que en aquellos días pensaba que ganar un Nobel era como ir por unas papas a la tienda y encontrar dentro un cupón que diga “ganaste “

El universo susurrándome al oído.

El bachillerato transcurrió veloz, lleno de melodías sesenteras sobre amor, paz y rebelión… una computadora con un disco duro de sólo 6 gb (si, menos de lo que ahora tiene una micro sd común) y una conexión de internet a través del teléfono a 56kbs, eran toda una maravilla… descargar una canción luego de haber dejado la computadora una noche entera conectada era algo normal y cuándo por alguna extraña razón conseguías descargar 3 eras la sensación y todos preguntaban

¿cómo le hiciste?

Las matemáticas se afianzaban como algo que me divertía, pero no tanto como la física y la química. No obstante mi amor y gusto por ellas no era suficiente para no pasar contrariedades a la hora de los exámenes, incluso algunas ocasiones mi propio exceso de confianza en las habilidades que poseía ocasionaban que mis calificaciones fueran apenas aprobatorias, como aquel 6 en física de sexto semestre que redujo mi promedio, todo por no querer estudiar pensando “si ya se me todo” jajaja ni como decir que eso era todo menos lo más acertado, que duro golpe fue aquel 6 para alguien que decía a todas voces, sería el próximo gran físico de la región.

Ya cercanas las fechas para que los resultados del examen de admisión a la Universidad Veracruzana se dieran a conocer, aún no tenía claro cual carrera estudiaría en caso de ser aceptado en las dos.

Al momento de leer los resultados, y ver que en ambos había estado en los primeros 10 lugares, mi última opción fue decir que sería entonces aquella en la que hubiese quedado posicionado en el mejor lugar.

Física: aceptado lugar: 6
Química: aceptado lugar: 8

La decisión parecía estar tomada y la semana del 12 al 17 de julio de 2002 era la fecha pactada para consumarla.

Sin embargo en mi mente aún quedaba la duda…

¿y si mejor me voy a química?

¿y sí física está muy difícil?

Acabo de sacar un 6, quizás sea una señal

La verdad era que no, ninguna de las últimas dos preguntas eran razones reales para ponerme en duda, la verdad era que, el amor de mi vida, esa chica por la que había estado babeando toda la preparatoria, también iba a estudiar química… y en mi aún quedaba ese rayo de esperanza y ese pensamiento de…

Si la dejo ir, la pierdo… debo ir tras ella.

Tanto pensar hizo que no tomará acción sino hasta el último día, 17 de julio, ah qué mágica fecha marcada por los dioses, pero eso yo aún no lo sabía.

Finalmente lo recapacité bien y dije:

Si, será QUÍMICA

Aún así, en mi camino hacía el destino, atravesé todas las facultades buscando Física hasta que la encontré. Vi que sólo eran 5 salones escondidos entre el resto de edificios de las demás facultades de ciencias. Platiqué con un alumno que me dio algunas pocas palabras al respecto de la facultad y seguí hacía el edificio de ingenierías, donde se encontraba mi nuevo hogar.

Me forme en la inmensa hilera llena de jóvenes que emprendían también su nueva aventura, que quizás habían tenido las mismas dudas que yo o quizás no. Los alumnos de semestres superiores se acercaban a la fila y preguntaban ¿quién va para química? Algunos respondían y eran entonces masacrados con maquinas para cortar el cabello y tijeras, otros huían, sólo para alargar su suplicio que al final tendría el mismo desenlace.

Eran las 12:30. Ya estaba cerca de entregar mis papeles, me separaban sólo 5 personas para finiquitar el trayecto… entonces sucedió…

No se si fue el miedo a ser rapado

Si fue que al final pensé que ya no quería estar cerca de ella

O si en realidad fue el universo susurrándome al oído: recuerda las estrellas…

Salí entonces de la fila y corrí con todas mis fuerzas hasta la facultad de Física, 12:45 pm, 15 minutos faltaban para cerrar el proceso de inscripciones en la Universidad. Entré a la dirección, un pequeño salón con dos secretarias llenas de papeles y trabajo, y dije:

Vengo a inscribirme

Que extraño final, pero ahora estaba dicho… sería Físico, de numeritos, no de esos que hacen ejercicio, por si quedaba la duda jaja

Un final cuántico…

Hoy que lo pienso dos veces, no sé por qué no me inscribí en las dos carreras, hubiese sido algo pesado pero creo que si lo hubiera conseguido, además de que tendría una visión todavía más amplia de las ciencias.

Una vez, mientras aún estaba en bachillerato, uno de mis primos que estaba terminando ya su carrera me dijo:

Aprovecha el tiempo y disfrútalo ahora que tienes, porque verás como entrando a la universidad se irá volando

No lo tomé mucho en consideración pero vaya que era cierto. Las nuevas experiencias en la universidad no tardaron en llegar: nuevas ideas, fiestas, viajes, congresos, el amor…

Si lo tuviera que explicar matemáticamente diría que mi curva de calificaciones es una exponencial decreciente cuyo punto de inflexión está ubicado justo en el momento en deje de ser un joven soltero y conocí lo que es tener una relación de verdad.

Si bien no me puedo quejar de todo lo maravilloso de mis años (esto ya suena a titulo de serie noventera 😛 ) donde a lado de personas increíbles viví experiencias inolvidables y conocí lugares fantásticos, si en cambio puedo decir que el grado de perfección que siempre había buscado en mis notas, quedo en segundo plano.

A pesar de ello logré ser parte de proyectos interesantes donde mezclando física con biología (biofísica) estudiábamos tanto el genoma humano como la estructura de las proteínas con tal de intentar crear otras que fueran menos complejas pero que realizasen las mismas funciones, con el fin último de quizás llevarlas a la realidad en un laboratorio extranjero a bajos costos y distribuirlas por igual a la sociedad según sus necesidades.

Así también me adentré en aspectos más delicados de la vida nacional como estudiar usando estadística el posible fraude electoral del año 2006, y demostrar con física que en realidad no había habido ninguno (aún cuando el Doctor líder de esta investigación era partidario de izquierda) además de hacer un estudio detallado de las reservas petroleras del país.

Y como me había dicho mi querido primo, de pronto la universidad estaba por terminar, aunque sería en un año más de lo pactado debido a que, como ya te platique, mi nuevo estilo de vida propició que debiera recursar dos materias del último semestre.

Aunque eso no sería lo único que pasaría en mis últimos seis meses de universitario.

Casi en la navidad de 2006 supe que ahora una parte de mi, estaría más allá de mi ser y que era momento de ser aún más de lo que hasta ese entonces era.

Aún cursando dos materias, empecé mi camino como profesor en una pequeña escuela secundaria por las mañanas, mientras que por las tardes manejaba una oficina de monitoreo de las elecciones locales del ya año 2007.

Mi vida era ahora física, enseñanza, política y paternidad.

Era obvio que con tan poco tiempo no iba a ser fácil lograr un resultado satisfactorio sólo asistiendo de vez en vez a clases o cuando había exámenes.

Logré aprobar una de las materias en parciales, pero la otra, la que para mí siempre había sido la más compleja, debía aprobarla en un ordinario final: MECÁNICA CUÁNTICA.

Como repetidor, y en último semestre, no había muchas opciones, era FINAL y ÚLTIMA OPORTUNIDAD, o adiós a la carrera.

También era ya el mes de julio, el mes en el cual debía nacer esa pequeña creaturita que portaba mis genes. Su nacimiento se había retrasado más de lo esperado, era nuestra consulta de rutina un lunes por la noche, a las 8:30 pm, luego de salir del trabajo, la última disponible. Cuando la doctora nos dio la noticia

Dra: Bueno el ultrasonido es claro, todo esta bien, pero hay poco liquido, debe nacer ya.

Padres físicos primerizos: Muy bien Doctora ¿el viernes? O ¿la próxima semana quizás?

Dra: Esta noche o más tardar mañana

Nuestra cara de sorpresa, asombro, sobresalto y no se que más no se hizo esperar. No podíamos creerlo, no íbamos preparados para eso. Además, mi tan temido último examen era el miércoles, tenía que estudiar y si él nacía no iba a ser nada fácil.

Decidimos que finalmente sería al siguiente día, martes 17 de julio de 2007, por la noche. Aún tuve tiempo de ir a ver al profesor que impartía la materia de la cual tenía examen, para pedirle una prórroga o que no disminuyera los temas, algo que aminorará la presión de este tan importante doble suceso. Su respuesta fue negativa. La suerte estaba tirada

Me convertí en padre el 17 de julio del 2007 a las 9:30 pm, aún guardo en mi memoria y en video ese mágico momento, por la madrugada estudié todo lo que pude para mi temido examen de mecánica cuántica.

Así, gracias a que el universo se confabuló de una manera inexplicable, experimenté al mismo tiempo la dicha de ser padre y convertirme en físico.

Obtuve un ocho en el examen.

Del hoy y ahora…

Como post universitario mi camino profesional ha sido muy variado. He sido parte de escuelas, empresas, institutos de física, postgrados etc.

Después de experimentar por casi dos años en la industria, me di cuenta de que ese no era mi lugar, así que finalmente decidí continuar con mis estudios para conseguir una maestría.

Una vez dentro, apareció en mi destino nuevamente la Mecánica Cuántica, pero esta vez no hubo final feliz…

Así que, mientras intento recobrar los bríos para nuevamente ser parte de un postgrado, me he dedicado a transmitir mis conocimientos, ideas y formas de ver al mundo a las nuevas generaciones, siendo profesor en todos los niveles posibles, desde preescolar hasta bachillerato.

Sin embargo, éste último año y medio, luego de ver como los chicos hoy en día no sueltan sus dispositivos electrónicos para nada, casi como si fueran una extremidad más de su cuerpo, y de luchar infructuosamente intentando que cambien de parecer, he decidido hacer valido ese viejo adagio que dice

Si no puedes con ellos, úneteles

Y de ahí es de donde surge la idea de que usen la neurona, que piensen más allá y que se den cuenta de que ese bello celular o esa grandiosa tablet o que el poder mandar un whats sólo son posibles gracias al uso y entendimiento de las matemáticas, física y la ciencia en general aplicadas al beneficio de toda la humanidad.

Así que si un día no quieren poner atención a la clase, lo cual no apoyo en absoluto, que por lo menos sea debido a que están usando su celular para ver un video o leer un artículo del tema que les están enseñando en lugar de estar gastando dinero y tiempo en mover caramelos para hacer un colapso de azúcar o whatever.

Así que ya saben usen la neurona, la NEURONARED.

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